dimarts, 6 de novembre de 2018

ARBRE / FANAL Poesia Visual núm. 253

POESIA VISUAL Y MATEMATICAS

NEXO ENTRE POESIA VISUAL Y MATEMATICAS

Hola, buenos días, quisiera ante todo agradecer a la dirección, a los organizadores de este encuentro en Peñarroya-Pueblonuevo y en concreto a Antonio Ledesma... por invitarme a venir aquí a hablar de las posibles similitudes, conexiones o vínculos que se pueden establecer entre las matemáticas y la poesía visual. También quisiera advertiros que a mi me gusta interrumpirme a mi mismo.

Pues bien, después de recapacitar durante muchos días sobre estos posibles nexos, tengo que deciros que no veo ninguno...
Las matemáticas son una ciencia, y por tanto totalmente objetiva; sin embargo, como sabemos, la poesía en general es subjetiva.


Pero ya que me he empeñado durante tantos días en buscar relaciones entre ambas, dejadme que os diga que he llegado a la conclusión de que tanto las matemáticas como la poesía comparten una cosa que las une; las dos tienen por meta la BELLEZA en su ansia de interpretar el mundo en que vivimos.
Y llegados a este punto, surge la siguiente pregunta clave: ¿qué es la belleza? Pues no lo sé...
Yo creo que belleza es la satisfacción que nos proporciona el hecho de identificarnos y compenetrarnos con aquello que observamos o sentimos. Y la capacidad de "hacerlo nuestro".
Por eso, en las matemáticas la DEMOSTRACIÓN de una fórmula nos proporciona un goce intelectual, al igual que la COMPRENSIÓN de la metáfora, en el caso de la poesía. Por lo cual, considero que hallamos belleza en todo aquello que nos produce goce o placer y, a la vez, se relaciona con la comunicación (como luego explicaré).

Me acuerdo de que cuando era pequeño tuve un profesor de matemáticas (al que seguramente no le gustaban), que se empeñaba en que aprendiésemos de memoria las fórmulas que usábamos y esta obligación me provocaba rechazo hacia esta asignatura. Pero al curso siguiente tuvimos otro profesor que solía hacer demostraciones. Este segundo profesor, por su forma de enseñar y de comunicar lo que a él le gustaba, me había transmitido la belleza y el placer de trabajar con el lenguaje matemático. Así, con el teorema de Pitágoras descubrí el "goce" de discernir sobre la lógica y la filosofía.

Partiendo pues de la premisa que necesitamos comunicarnos para sentirnos realizados, ya que, al fin y al cabo, el ser humano es un animal social, descubrí que nos emociona compartir gustos y nos hace feliz gustar a los demás.
Para ello, intentamos exteriorizar las buenas sensaciones, por medio del arte, la música, las matemáticas, la poesía y todo lo que escapa de “lo rutinario” o "lo normal", a fin de vehicular esta sensación de "sorpresa" que queremos despertar en el receptor. 
Para ello utilizamos lenguajes. Lenguajes diversos que además de diferentes son imposibles (o casi imposibles) de traducir entre ellos, aunque en el fondo, cada una de estas expresiones son en verdad "cajones" o "archivos" diferentes dentro de la propia “comunicación”.
Para comunicar bien lo que vemos, lo que olemos, lo que palpamos, lo que oímos o lo que saboreamos, no podemos recurrir a otros lenguajes que los originales con los que sentimos y apreciamos nuestro entorno.

Puede que en algunas ocasiones intentemos respaldar un lenguaje con otro creyendo que cada uno resulta pobre en sí mismo.  Un claro ejemplo de esto que digo, son los recitales de poesía, que por lo que aprecio en muchos de ellos parece que la poesía escrita y recitada no baste y que sea necesario recurrir a la música, e incluso danza para que nos parezca un evento completo y bien realizado.
Aquí me gustaría resaltar que a veces la utilización de un solo lenguaje pueda parecernos a primera vista "pobre". Pero en contra de ello yo creo que acentúa mucho más la evidencia del concepto que se quiere transmitir. Por citar una muestra, solo tenemos que ver la cantidad de fotografía que se está volviendo a hacer en blanco y negro. La ausencia deliberada de color puede potenciar el mensaje que se quiere trasmitir.

Si hablamos de la semántica discursiva podemos observar que tanto en la poesía visual como en los matemáticopoemas es muy escasa, por no decir nula, y es así porque justo lo que se busca es impactar directamente al sistema límbico o subconsciente.

La razón que yo tengo de haber tomado esta elección de minimalismo es la de inducir a que cada cual se apropie de mi poema y lo acomode a su ámbito interpretativo. Si… esta puede ser la manera de que cada uno haga suyo el poema, y, en consecuencia, resulte mucho más satisfactorio.

En el caso de las matemáticas vemos que el discurso es muy escueto y concentrado, y lo podemos comparar con la economía narrativa en el lenguaje entre un cuento o mini relato frente al de una novela. Es decir, una vez que se demuestra numéricamente cualquier teorema, ya no suele quedar margen para "novelar" el hallazgo. Lo mismo sucede con los poemas visuales, que un exceso de objetos distraen la atención de la persona que intenta captar la metáfora que cuaja el pretendido mensaje.
Tanto los poetas visuales como los matemáticos aprovechan la síntesis o la lengua subliminal para centrarse en el puro concepto, evitando que haya distracciones con florituras o guarniciones extra. Como ejemplo basta ver a los artistas plásticos que llegaron al "purismo" casi total en sus creaciones artísticas:
 

Mondrian en las dos dimensiones, Giacometti y Brancusi en los "volúmenes" intentan esquematizar al máximo toda la información con el fin precisamente de que el espectador haga el empoderamiento de la obra.

Nos agrada compartir gustos y nos hace feliz gustar a los demás.  Todo ello contribuye, como apuntábamos antes, a que nos impliquemos más directamente en las obras de apariencia simple y que nos apropiemos de ellas, complementándolas con aportaciones subjetivas. Pero también es verdad que no cesan de establecerse relaciones entre diferentes lenguajes, y de ahí que encontremos una especie de simbiosis entre el arte, la poesía, la música… y si me apuráis, las matemáticas.
Aquí es donde  yo personalmente opino que desde casi siempre se ha querido “matematizar el arte” para hacerlo más asequible a la masa. ¿Cómo? Mediante ciertos "enganches" o asideros disimulados a los que todo el mundo se pudiera agarrar, ya que una máxima de la razón humana por antonomasia es que "todo tiene que tener sus reglas" (como dicta un principio de la matemática).

De esta forma que en pintura o escultura se hable de la regla de Oro, del Triángulo de Rembrandt, de equilibrios de masas, etc. O, en música se crean "composiciones” basadas hasta ahora en ciertos algoritmos armónicos, por eso, las canciones más populares (las que todo el mundo recuerda) ostentan la repetición matemática, rítmica, de estrofas generalmente cortas y estribillos fáciles de memorizar. De esta manera, se acopló la música a la poesía mediante el formulismo implícito de la métrica y la rima, que a su vez encorsetaban a la música (antiguos anuncios del Cola Cao o Colgate).


Esta afición por el orden nos lleva a observar que en definitiva todo radica en seguir una serie de “pautas” o “normas". Hasta tal punto que, a lo largo del tiempo, transgredir estas disciplinas implicaba quedar fuera de la consideración academicista, la cual avalaba la autenticidad artística, poética o musical de una obra.
 Los artistas más innovadores y originales han hablado del orden del caos o han experimentado con la transgresión de las normas impuestas, como por ejemplo Lope de Vega al mezclar elementos de la comedia y la tragedia, o los poetas y pintores románticos al adentrarse en el sugerente universo de los sueños, donde las normas por las que nos regimos durante el día pierden toda su validez.

En relación con lo que vengo explicando, se me ocurre una frase muy conocida que reza así: “reconocer es más gratificante que conocer”.
Por mi experiencia, y respecto a la música clásica, puedo decir que disfruto más con aquellas composiciones que he oído muchas veces y que culturalmente gozan de alto prestigio (ya que han sonado en anuncios publicitarios o en determinados eventos) que no con algunas que voy descubriendo.
 Mi opinión es que la repetición acaba por contribuir al agrado de ciertas cosas que se reiteran frecuentemente. En este sentido, el goce resulta de la identificación de lo reconocible, y es una sensación tan natural y enérgica como la que se da en los niños al repetir un juego que les ha gustado. Si nos fijamos bien veremos que, en las fiestas de los pueblos, los conciertos que se suelen ofrecer siempre se componen de las piezas más populares, dejando para el final las canciones que se puedan acompañar con palmas o las que podemos cantar a coro con los intérpretes.  

La “satisfacción” que podemos experimentar cotidianamente con el dominio de una materia en concreto y con la mayor propiedad posible, es otro de los pilares que sustentan mi teoría de la belleza.
No cabe duda de que para poder alcanzar esta autoridad nos valemos del aprendizaje. Pues bien, el aprendizaje se nutría hasta hace poco de la imitación y la repetición. De esta manera, a base de repetir i repetir vamos descubriendo la manera de realizar las cosas de una manera más perfecta.
Es matemático (decimos) e, irremisiblemente, nos lo soluciona también la matemática.
Pongamos por ejemplo el logro de la perspectiva en el dibujo/pintura. Cuando hemos conseguido recrear la ilusión tridimensional en nuestro cerebro a partir de construcciones plásticas sobre bases bidimensionales, es cuando la intervención clara de las matemáticas ha puesto sobre la mesa la teoría de los tres ejes XYZ que nos han permitido interpretar las fugas de los objetos. Calculando de una manera precisa la ubicación de cada punto de la visión para ser posicionado sobre un plano milimetrado.

No cabe duda, y debo reconocer significadamente, que el aprendizaje actual se basa en el descubrimiento (otra de las consideraciones a la hora de experimentar la belleza).

Todo lo expuesto hasta aquí, nos remite al inicio de la charla donde decía que “belleza es la satisfacción que nos proporciona el hecho de identificarnos con voluntad de querer ser aquello que observamos o sentimos”, y la capacidad de "hacerlo nuestro". Por eso la DEMOSTRACIÓN en las matemáticas nos proporciona goce intelectual al igual que la COMPRENSIÓN de la metáfora, en el caso de la poesía.
Tanto la asimilación de la demostración matemática como la comprensión de la metáfora en poesía nos evocan la satisfacción del “descubrimiento” y el goce del dominio de la materia en cuestión.

Llegados a este punto y para acabar de vincular más las matemáticas con la poesía, tengo que decir que las personas generalmente somos capaces de trascender la “frialdad” de los números y buscarles la parte poética. Esta es la manera por la cual nacen mis metemáticopoemas, y otras tantas modalidades de vincular los números puramente abstractos con las expresiones más emotivas en los mensajes que con ellos nos interese transmitir a la sociedad.


En la poesía visual, las imágenes se convierten en palabras, y en mis matemáticopoemas los números casi siempre se convierten en personas o cosas. De esta manera, la frialdad de los números deja de existir para convertirse en un intento de comunicación filosófica. Véase la escalera por donde desciende un círculo que acaba transformado en un hexágono.


La relatividad de los números, en cuanto pasamos a la matemática aplicada, “cobra vida” y una importancia especial en cada caso. Como por ejemplo un anuncio de tráfico explicado por un analista, en un auditorio.
El analista comienza por valorar los datos de una estadística de accidentes mortales de tres años consecutivos anteriores.
Lo que muestra el video del anuncio que proyecta en la sala, es el descenso espectacular de la cantidad de accidentes mortales que ha habido en las carreteras durante los tres últimos años:
     En 2016 murieron 800 personas… El año pasado se había reducido el número hasta llegar a un récord de 200 fallecidos… – Muy bien respondió la gente del público que le escuchaba. –
Pero el analista intentó sonsacarles cuál sería el número de víctimas para el año en curso y al ver que no obtenía respuesta les dijo:
     ¿Cinco o seis…?
Con lo que todo el público estuvo de acuerdo.
     Pero… – (otra vez pero) el comentarista siguió con su perspicacia y dirigiéndose a un matrimonio de mediana edad les preguntó: – ¿Y si dos de estas seis víctimas fueran sus hijos…?
(No cabe ni comentar la escena de pánico que suscitó la pregunta…)

En definitiva, en matemáticas los números pueden cuadrar o no, pero si su aplicación la trasladamos a la vida real y palpable veremos cómo éstos “cobran categoría vital” y nos aparecen revestidos de mensajes y sentimientos.

Esta expresión en forma de ecuación matemática creo que tiende a sensibilizarnos mucho más en cuanto la hemos racionalizado. Mucho más que una explicación discursiva del concepto. Porque la síntesis, en cuanto se muestra de forma entendible, suele captar la belleza del significado por su simplicidad. La sencillez o la simplicidad, desde mi punto de vista, suelen ser el embrión de la belleza.
Benito Pérez Galdós, el gran autor del realismo español, decía que no hay nada más complicado que buscar la sencillez (se refería al lenguaje), precisamente porque estamos sobrecargados de significados y pautas o fórmulas que el autor ha interiorizado en la tradición literaria y a lo largo de las lecturas.
Se me ocurre que lograr esa sencillez requiere no la futilidad de maquillarse sino la compleja valentía de desnudarse. Aquí cabe puntualizar que “simple” no es sinónimo de pobre, necesitado, menesteroso, ni nada similar. Las cosas o personas pueden ser sencillas y a la vez completas, resueltas, profundas, etc.… ya que como decía el dramaturgo y narrador austríaco Hugo Von Hoffmansthal: 
La profundidad debe de esconderse bien. ¿Dónde? En la superficie.
Cabe significar que el hecho de no tener que cavar, no significa que
nos ahorremos ningún trabajo, quizás la habilidad de esconderlo en
la superficie nos exija un esfuerzo intelectual tanto o más considerable.

         La dificultad o imposibilidad de valorar el arte se hace, pues, evidente con las genialidades. ¿Cómo valorarlas… si no es por cantidad de trabajo?  Estamos acostumbrados a medir las cosas con parámetros tangibles y esto es lo que me ha llevado la reflexión de las relaciones entre la poesía y la matemática, porque que creo, o creía creer hasta ahora, que la lógica binaria o convencional era el  “nexo” –como comentaba al inicio– que podía servir de puente para el maridaje de las dos “disciplinas” ya que, por ejemplo, la pintura se está valorando por “centímetro cuadrado”. Dos cuadros del mismo autor, uno vale el doble del otro si su superficie es del doble… Los Sonetos se podrán valorar si son perfectos en su construcción predeterminada, las piezas musicales generalmente han sido construidas sobre esquemas establecidos de antemano. Con lo cual como decía al principio que las matemáticas son una ciencia, y por tanto totalmente objetiva; sin embargo, la poesía, en general, es subjetiva… queda en entredichos al ver que continuamente estamos recurriendo otra vez a los sistemas métricos o no métricos, pero de construcción y cimientos paramatemáticos…

En contra de todo este “razonamiento”, y para terminar, lo más Fuzzyi-nante para mí es la sorpresa del descubrimiento de otra lógica, frente a la del Álgebra de Boole… la lógica fazzi, difusa o borrosa… es decir, la unión entre lo pragmático y científico de las matemáticas convencionales y el fondo lírico, poli semántico, subjetivo que abarca la poesía.

Esta lógica quizás tenga más capacidad de apreciar la “magia” la tolerancia, la ambigüedad y la permisividad que nos comunica con el mundo del arte, de la música o de la poesía. Desde este razonamientonorazonado quizás la poesía puede llegar a ser el eje principal del mundo matemático…
Tengamos en cuenta que desde el año 1965 que el Prof. Lofti A. Zadeh introdujo el concepto de la lógica “fuzzy” difusa o borrosa en el mundo de las matemáticas no ha dejado de ser una herramienta para el mundo matemático que le permite manejo de conocimientos imprecisos o inciertos (casi poesía…).
En vez de operar sobre los conceptos 0 y 1 (mentira – verdad) de la lógica “binaria”, se opera con conceptos de diferentes grados de verdad y falsedad utilizando el “SÍ” (como antecedente) y el “LUEGO” (como consecuente). Siempre bajo los conceptos del “muy bajo”, “bajo”, “medio”, “alto” y “muy alto”.

“Si casi estoy llegando… luego es que he corrido bastante”

¡Y… con esto está dicho todo! (Creo).

¡Viva la poesía…! ¡Y viva la lógica DIFUSA o BORROSA…!

Que no se diga en vano que los poetas siempre están por las nubes…

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